Tradiciones. Costumbres ancestrales desconocidas para muchos. En este caso, una zona recóndita de Etiopía. Dos muchachos jóvenes, sobre los 15 años de edad. Todo el poblado pendiente de ellos y del consejo de ancianos. Estos dos chicos, ataviados solamente con dos telas, se encuentran medio en trance, pues están a punto de dejar atrás su niñez para pasar a ser guerreros de la tribu. Pasarán la noche encerrados en una de las casas del poblado, aislados. En la madrugada, todavía con la oscuridad nocturna empieza el ritual. Los ancianos procederán a circuncidarlos. Para ello, los tumban en el suelo, son agarrados e inmobilizados por 5 o 6 guerreros, mientras los ancianos proceden a cortar piel. El padre de cada muchacho aporta una vaca para la ceremonia, a la cual se le dispara una flecha al cuello, justo a la yugular, de donde inmediatamente surge un chorro de sangre oscura, que es recogida en un calabaza. Esto, mezclado con leche de cabra y algo más, sirve de unguento para curar la herida del sufrido chico, que ya "operado", se encuentra en el suelo experimentando unas tremendas convulsiones. Se le remoja y limpia la zona ensangrentada, y se le tapa con unos paños empapados de este preparado, quedándole a modo de pañal. Se lo llevan medio inconsciente, y pálido. Esta débil, por la pérdida de sangre, por el esfuerzo y tensión del momento. Ha dejado ya de ser un niño, para ser un guerrero. Un guerrero con la responsabilidad de defender su poblado, con la obligación de cazar para aportar alimento a su familia y vecinos. Y toda esta reponsabilidad la tiene con apenas 15 años ...

Un guerrero turkana, reponsable de deender alos suyos, aunque tenga que matar para ello, como demuestran las marcas en su pecho. Por cada muerto, se marcan sobre su piel con cuchillo, unas estrías, para demostrar su valor y mostrar que han matado, y a cuántos han matado.
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