
VIERNES
Llegamos al teatro, a última hora para no perder el ritmo del día, no sea que ir tranquilos y con tiempo de sobra nos causara algún trauma. Lógicamente entramos al teatro con la función empezada y buscamos nuestras butacas. Pierre y Gustavo ya están hace rato. Los vemos en la fila 6, allá delante y cuando nos ven, después de indicarnos con la mano su ubicación, se desplazan hacia el interior de la fila, tocándome a mi (no podía ser de otra forma) quedarme sentado justo al lado del pasillo. ¡Cagamos! Es lo primero que se me pasa por la cabeza. Conociendo la obra, y conociendo la compañía La Cubana, intuyo, no, mejor, sé que en algún momento me tocará salir a hacer alguna cosa con los actores. Bueno, mejor relajarse y no pensar en ello.
Casi al final de la función, pensando que ya me libré de subir al escenario, porque al pasillo ya me hicieron salir para hacer una cadena con otros 5 o 6 espectadores, para ir pasando cachibaches desde el escenario hasta la entrada del teatro, para cargar la furgoneta de la compañía, pues justo en un momento, regresan todos los acotres con las plumas y demás floripondios de las vedettes, para dedicar al paciente público un último número. Y, como no podía ser de otra manera, ingenuo de mí, me toca calzarme sobre los hombros las enormes plumas blancas, de la vedette principal. Y es aquí cuando pienso, si tengo que subir, subo y me suelto, total serán unos minutos que no vale la pena pasar mal. Así que mejor relajarse, soltarse, e intentar hacer lo que hicieron estos mismos actores que arrancaron de mi butaca. El resultado es que damos, los 6 o 7 improvisados actores, unas cuantas vueltas encima del escenario a ritmo de la canción que da nombre al espectáculo. Bailo al ritmo de la misma siguiendo a los demás y mirando hacia el público, veo a Gabriela, Gustavo y Pierre destornillándose de risa.
Bajo del escenario con cierta satisfacción sobretodo porque no lo pasé mal, más bien lo contrario. Me siento en mi butaca, y los nervios que tengo en todo el cuerpo me provocan ahora, al estar sentado, que una serenidad placentera me embargue.
Qué bien lo he (lo hemos pasado)

1 comentario:
Vamos, que se te han visto las plumas!!! Juas, juas, juas...
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